¿Es el sufrimiento animal parte de la buena creación de Dios?

Si Dios es bueno, ¿cómo podemos explicar la enorme cantidad de sufrimiento causado por la depredación, las enfermedades y los desastres naturales?

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Si Dios es bueno, amoroso y poderoso, ¿cómo podemos explicar la enorme cantidad de sufrimiento animal (y humano) que existe en el mundo, y que es causado debido a la depredación, las enfermedades y los desastres naturales? Tradicionalmente, los cristianos han culpado al pecado humano como la razón principal por la que estos “males naturales” existen en el mundo.

Sin embargo, la ciencia ha demostrado que los animales se han comido los unos a los otros, han contraído cáncer y parásitos, y han muerto debido a huracanes y terremotos durante millones de años antes de que aparecieran los primeros humanos en la Tierra.

En BioLogos, creemos que hay algunas opciones razonables que podrían ayudarnos a reconciliar lo que encontramos en el mundo natural con nuestro compromiso de que “todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16).

En este artículo, vamos a describir varias ideas que se han propuesto para abordar el problema del mal natural y también compartiremos los posibles problemas que podrían surgir al defender algunas de estas posiciones. De hecho, ninguna de estas opciones nos ayuda a llegar a una conclusión que sea completamente satisfactoria, ya que “ahora vemos con opacidad, como a través de un espejo” y confiamos en Dios para la redención final de la creación.

La Biblia nos enseña que Dios es bueno, amoroso y poderoso, y podemos ver estas características perfectamente reflejadas en el buen mundo que Dios ha creado. Sin embargo, también vemos casos de sufrimiento y maldad en el mundo. A menudo, nuestros corazones se conmueven debido al sufrimiento y a la maldad que vemos en el mundo y nos preguntamos por qué Dios podría permitir que cosas como esas ocurran continuamente. Las personas han reflexionado sobre esta cuestión durante siglos, mucho antes de que existiera la ciencia moderna. Sin embargo, nuestra comprensión científica del mundo tiene el potencial de considerar esta situación desde nuevas e interesantes perspectivas.

Parte del sufrimiento y el mal que existe en el mundo está claramente relacionado con el pecado humano: el genocidio, la violación, y muchos otros actos de maldad. A veces se les llama “males morales” porque son causados ​​a raíz de nuestras acciones e intenciones. Por eso, debemos ser responsables de nuestras acciones. El mal moral nos puede causar muchísimo dolor, pero al mismo tiempo no nos resulta difícil reconciliarlo con la idea de un Creador bondadoso, ya que nosotros mismos somos los responsables de su existencia, no Dios. 

Por otro lado, existen otros tipos de “males” que no son el resultado de la actividad humana, tales como los parásitos, el cáncer, los huracanes y la depredación animal. Todos estos tipos de males pueden causar una tremenda cantidad de dolor, sufrimiento y muerte en las criaturas (sean o no sean humanos). En cierta manera, algunas decisiones humanas pueden provocar algunos de estos males; por ejemplo, fumar causa cáncer, y la quema de combustibles fósiles afecta el clima. Sin embargo, muchos de estos “males naturales” simplemente parecen formar parte del funcionamiento natural del mundo.

Cuando miramos hacia atrás y consideramos la historia de la vida en nuestro planeta, podemos ver claramente que siempre ha habido desastres naturales, depredación y enfermedades, y todo esto les ha causado sufrimiento, dolor e incluso la extinción a los animales.

Entonces ¿creó Dios el mundo de esta manera? ¿Cómo podrían los males naturales ser parte de la buena creación de Dios? Estas son de hecho preguntas difíciles de responder, y los seres humanos se han esforzado mucho para entenderlas y responderlas desde que existen registros escritos de nuestra civilización.

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Posibles formas de abordar el problema

A continuación, esbozaremos dos enfoques básicos para abordar el problema del mal natural. El primero propone que Dios no creó el mundo incluyendo males naturales desde el principio; por lo tanto, o Dios no existe, o la creación original de Dios fue catastróficamente corrompida debido a la rebelión humana o la rebelión de los ángeles. El segundo enfoque propone que el mundo, incluyendo los males naturales, representa la manera en la que Dios quiso que fueran las cosas desde el principio; de nuevo, o los animales no sufren realmente, o es necesario que existiera algún tipo de sufrimiento para que Dios finalmente pudiera crear lo que tenía en mente desde un principio.

Un tipo de enfoque: Dios no creó el mundo de esta manera

El ateísmo

El problema del mal, incluido el sufrimiento de los animales, ha llevado a muchas personas a cuestionar la existencia misma de Dios. Algunos dicen que la idea de la existencia de un Dios perfectamente bueno y amoroso es incompatible con la forma en la que vemos el mundo en la actualidad; por lo tanto, Dios no existe.

Aún siendo a veces difícil considerar el problema del mal dentro de la creación de Dios, en BioLogos no pensamos que la conclusión a la que llega el ateísmo sea del todo convincente. Así, creemos que la evidencia de las Escrituras, la razón, la tradición y la experiencia personal nos proporcionan una base racional firme para creer en Dios.

La Caída Humana

Muchos cristianos argumentan que los males naturales, al igual que los males morales, deben atribuírsele en última instancia al pecado humano; también afirman que Dios no creó el mundo con parásitos, cáncer, huracanes y depredadores. En cambio, estos males naturales solo llegaron a existir después de que los primeros humanos comenzaran a pecar.

En BioLogos también rechazamos este punto de vista. En BioLogos reconocemos y aceptamos la importancia de la evidencia científica, la cual está disponible para todos nosotros actualmente para ofrecernos información al detalle acerca de la edad de la Tierra y los animales que existieron antes que los seres humanos. Esta evidencia nos muestra claramente que los animales vivían de manera muy similar a como lo hacen en la actualidad, había parásitos, los animales se mataban y se comían los unos a los otros, los animales tenían cáncer y los desastres naturales en ocasiones aniquilaban a muchos de ellos.

La caída angelical

¿Y qué pasaría si, en lugar de culpar al pecado humano por todas las cosas malas que ocurren en la naturaleza, culpáramos a los ángeles caídos, y los consideráramos como el origen de la existencia del mal natural? Quizás los ángeles caídos frustraron las intenciones de Dios durante la creación. Esta posibilidad se propuso por primera vez entre algunos de los líderes de la iglesia primitiva. En su libro El problema del dolor, C.S. Lewis sugirió esta opción como una opción viable (aunque no insistió mucho en ella); en la actualidad, algunos pensadores defienden versiones similares a la hipótesis que propone este argumento.

Una dificultad importante que existe a la hora de defender esta posición es la línea de tiempo que se requiere para que algo así hubiera pasado. Dado que tenemos evidencia que confirma la existencia de males naturales que han ocurrido desde que ha existido la vida animal en la Tierra, esta supuesta caída angelical tendría que haber ocurrido muy temprano dentro de la historia de nuestro planeta. En ese caso, ¿cómo podemos entender “el estribillo” en Génesis 1 que continuamente repite que la creación es buena? Además, el hecho de otorgarles poderes creativos a los ángeles caídos parece socavar la declaración de Pablo de que todas las cosas han sido creadas por medio de Cristo y para Cristo (Colosenses 1:16).

Otra manera de abordar este problema: Dios hizo el mundo de esta manera, incluyendo el sufrimiento animal y todo lo demás

En lugar de argumentar que el mundo natural no representa en realidad la manera exacta en la que Dios concibió el mundo desde el principio, otra manera de pensar sobre esto es afirmar que el mundo natural es realmente bueno tal y como es: que Dios hizo el mundo sabiendo que los animales se comerían unos a otros, sufrirían de muchas maneras diferentes, e incluso se extinguirían. Esta manera de considerar el sufrimiento animal se puede abordar de diferentes maneras, y en BioLogos estamos abiertos a seguir investigando y considerando todas ellas dentro del contexto bíblico y científico en conjunto.

Los animales no sufren realmente

Algunas personas aceptan que el sufrimiento es algo inherentemente maligno, pero no están seguros de si los animales realmente sufren o no sufren. Claramente, los animales pueden sentir dolor, y debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para prevenir ese tipo dolor tanto como sea posible. Sin embargo, tal vez los animales carecen del tipo de conciencia necesaria para experimentar el sufrimiento que nosotros mismos consideramos como algo malvado. Si eso fuera cierto, podríamos afirmar entonces que los animales son solo como autómatas o máquinas y, por eso, su tipo de “sufrimiento” y muerte no es diferente, en cuanto a la moralidad se refiere, del “sufrimiento” que un teléfono pudiera experimentar al caerse y romperse. 

En la actualidad, no hay muchas personas que piensen que las bacterias sufran a un nivel de consciencia similar al nivel de conciencia que los humanos pueden alcanzar. Sin embargo, a medida que avanzamos en conocimiento acerca de la escala de capacidad mental que existe en la creación, se está volviendo cada día más difícil defender algo así. Por ejemplo, quizás los gusanos no sufren, pero ¿y qué diríamos de los pájaros? ¿Y los mamíferos? De hecho, la similitud que existe entre las diferentes estructuras cerebrales y la nuestra parece sugerir que algunos animales sí tienen la capacidad (aunque quizás de una forma más reducida) de experimentar algún tipo de sufrimiento. Los partidarios de este punto de vista admiten que hay similitudes fisiológicas entre nosotros, pero normalmente afirman que los seres humanos tienen, además de un cerebro físico, una mente o un alma inmaterial que los demás animales no tienen, lo cual es necesario para tener un grado de consciencia lo suficientemente alto como para finalmente experimentar el sufrimiento al nivel que nosotros lo experimentamos.

Si bien algunas personas se sienten cómodas a la hora de defender esta posición intelectual, a otras les resulta profundamente problemático negar el hecho de que los animales sufran. Sea como fuere la manera en la que pensamos sobre esto, las Escrituras nos dejan claro que la preocupación que Dios siente por los animales no nos permite descuidar su bienestar.

¿La única manera, o un bien mayor?

Otros reconocen que el sufrimiento animal es algo real y malvado, pero intentan reconciliarlo a través del hecho de que también hay muchas cosas buenas que surgen como consecuencia de esas cosas malas. Desde este punto de vista, la única forma en la que Dios podría haber creado de la manera que lo hizo fue a través de la creación de un mundo que tuviera este tipo de características específicas. Por ejemplo, un mundo sin huracanes ni terremotos daría paso a la existencia de un planeta estéril y sin vida. El hecho de que a veces causen sufrimiento y muerte es algo trágico, pero al mismo tiempo tienen el potencial de provocar algo tan bueno como la vida misma. 

Además, puede ser que la única forma de producir algunas de las características que vemos en los animales en la actualidad sea a través de un largo proceso evolutivo. Por ejemplo, se han llegado a detectar indicios y precursores potenciales del tipo de responsabilidad moral que los seres humanos sienten en algunos animales; quizás el hecho de colocar organismos en entornos difíciles es la única forma en la que finalmente se pueden desarrollar este tipo de habilidades, al igual que la velocidad y la elegancia de la gacela provienen de incontables generaciones de gacelas que se han esforzado enormemente para escaparse de los leones durante muchísimos años.

Los críticos que defienden este punto de vista reconocen que el sufrimiento siempre trae consigo cosas buenas y, por lo tanto, al final todo acaba mereciendo la pena; sin embargo, estos mismos críticos también cuestionan el hecho de si el dolor y el sufrimiento son realmente la única forma en la que un Dios todopoderoso podría haber producido este tipo de bien en el mundo. ¿No podría Dios simplemente haber chasqueado los dedos y haber creado esas cosas inmediatamente? Quizás; o tal vez no. Hay algunas cosas que ni siquiera un Dios todopoderoso puede hacer, como hacer un círculo cuadrado. Ciertamente, nadie puede saber definitivamente lo que Dios puede o no puede hacer. Sin embargo, sí que podemos confirmar con bastante confianza el método que Dios utilizó para crear la diversidad de la vida que vemos en la Tierra.

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Finalmente, ninguna de estas “soluciones” que se han propuesto para resolver el problema del mal natural es completamente satisfactoria; de hecho, tampoco son mutuamente excluyentes entre sí, ya que los elementos de una perspectiva se pueden combinar con los elementos de otra. Al final, debemos admitir que, en estos momentos, todos lo que vemos lo vemos como si lo hiciéramos a través de un cristal oscuro y, por lo tanto, no entendemos nada a la perfección. Sin embargo, sí que tenemos esperanza: al ser cristianos, estamos comprometidos con la creencia de que Dios redimirá a toda la creación, y que finalmente todas las cosas llegarán a ser lo que Dios quiso que fueran desde el principio (Isaías 35; Romanos 8:19-22; Colosenses 1:20).

 

Mientras tanto, creemos que Dios se ha asociado con nosotros, los portadores de la imagen de Dios, para ser administradores de la creación. Por esta razón, quizás, deberíamos abordar los males naturales que vemos en el mundo, no como un rompecabezas intelectual que necesite ser resuelto, sino como oportunidades para que podamos reflejar la imagen de Dios en el mundo. Por lo tanto, debemos responder de acuerdo con los propósitos amorosos y justos de Dios para hacer del mundo un lugar mejor, incluso mientras esperamos la redención final de Dios.

 

Finalmente, cuando nos encontramos e incluso experimentamos con la angustia del sufrimiento, podemos mantenernos firmes en nuestra fe. De hecho, nuestro dolor no está siendo causado necesariamente por el pecado continuamente (Juan 9:2-3), ni siempre ocurre por una razón discernible. En lugar de tratar de explicar el sufrimiento, podemos llegar a formar parte de ese dolor; podemos llorar con los que lloran; y podemos consolarnos con el hecho de que Dios sufre con nosotros y al final redimirá el sufrimiento de toda la creación (Romanos 8:18-25).

Finalmente, ninguna de estas “soluciones” que se han propuesto para resolver el problema del mal natural es completamente satisfactoria; de hecho, tampoco son mutuamente excluyentes entre sí, ya que los elementos de una perspectiva se pueden combinar con los elementos de otra. Al final, debemos admitir que, en estos momentos, todos lo que vemos lo vemos como si lo hiciéramos a través de un cristal oscuro y, por lo tanto, no entendemos nada a la perfección. Sin embargo, sí que tenemos esperanza: al ser cristianos, estamos comprometidos con la creencia de que Dios redimirá a toda la creación, y que finalmente todas las cosas llegarán a ser lo que Dios quiso que fueran desde el principio (Isaías 35; Romanos 8:19-22; Colosenses 1:20).

Mientras tanto, creemos que Dios se ha asociado con nosotros, los portadores de la imagen de Dios, para ser administradores de la creación. Por esta razón, quizás, deberíamos abordar los males naturales que vemos en el mundo, no como un rompecabezas intelectual que necesite ser resuelto, sino como oportunidades para que podamos reflejar la imagen de Dios en el mundo. Por lo tanto, debemos responder de acuerdo con los propósitos amorosos y justos de Dios para hacer del mundo un lugar mejor, incluso mientras esperamos la redención final de Dios.

Finalmente, cuando nos encontramos e incluso experimentamos con la angustia del sufrimiento, podemos mantenernos firmes en nuestra fe. De hecho, nuestro dolor no está siendo causado necesariamente por el pecado continuamente (Juan 9:2-3), ni siempre ocurre por una razón discernible. En lugar de tratar de explicar el sufrimiento, podemos llegar a formar parte de ese dolor; podemos llorar con los que lloran; y podemos consolarnos con el hecho de que Dios sufre con nosotros y al final redimirá el sufrimiento de toda la creación (Romanos 8:18-25).

Última actualización en December 09, 2024

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